De palomitas, cotufas y pochoclo

El cine de gángsters: 10 ofertas que no podrás rechazar

18 ene

Posteado 21:41

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Tenía 15 años cuando vi la trilogía de The Godfather, de pe a pa. Más de 10 horas me senté a ver, en infinitos VHS de terrible calidad, la más fascinante historia que en mi opinión se ha contado en la pantalla grande o chica: la saga de la familia Corleone.

El gran logro de Mario Puzo radica en haber logrado que sus personajes, totalmente inmorales y con un modo de vida reprobable, se convirtieran en verdaderos seres humanos por los que los espectadores sentíamos empatía.

¿Por qué nos rompe el corazón ver que Don Vito (Marlon Brando) muere frente a su nieto? ¿Por qué aplaudimos que Michael (Al Pacino) mande a matar a su cuñado (James Caan) y a su propío hermano (John Cazale) por haberlo traicionado sin importale las consencuencias de sus decisiones sobre su hermana Connie (Talia Shire)? ¿Por qué nos emocionamos cuando un productor de cine se despierta ensangrentado y ve a su lado la cabeza de un caballo degollado en su cama? ¿Por qué aprobamos el que Michael haga a un lado de su vida a Kay (Diane Keaton) y disfrutamos su ascenso a capo de la mafia?

Puzo, de la mano de la gran visión cinematográfica de Francis Ford Coppola, hizo que sintiéramos a los Corleone como nuestra propia familia. Les dio un set de valores, un código de honor y una ética muy bien delineada a pesar de lo irónico que resulta que una familia que vive del mercado negro y que mata por doquier, tuviera ciertos principios. Esa es la gran fascinación de The Godfather y que sólo ha podido ser casi igualada en TV por The Sopranos, la serie de HBO que tristemente nunca logró llegar a la pantalla grande.

A propósito del estreno de Gangster Squad, hacemos un recuento de los filmes de gángsters más memorables en la historia del cine.

Por

1) The Godfather: Leer todo lo escrito arriba

2) Goodfellas: El filme retrata como un insignificante gángster puede enfermarse de ambición hasta convertirse en el capo de todo Estados Unidos, mientras el mismo FBI lo acorrala.

3) Scarface: ¿Cómo se fundó el Miami Beach de los ochenta? El imperio de la cocaína es estudiado en este capítulo sobre un inmigrante que descubre en el mundo de las drogas y el poder, la solución a sus problemas.

4) The Untouchables: El imperio y caída de Al Capone, el rey del crimen organizado y el mercado negro durante el Chicago de los años treinta.

5) Carlito’s Way: Cómo una persona que entró al crimen organizado, aún y que haya salido de prisión y jurado nunca volver a caer en la mafia, no tiene escape.

6) Donnie Brasco: Un agente del FBI se infiltra en la mafia, donde encuentra más afinidades y personas auténticas que en la organización gubernamental.

7) Road To Perdition: Elegante y sofisticado filme sobre un matón que trabaja para un mafioso, pero que, cuando involucra a su propio hijo como testigo de un asesinato, hará lo imposible por enfrentar a su jefe junto a todos los capos.

8 ) L.A. Confidential. El mundo de Hollywood también es afectado por la mafia en este gran filme.

9) Bugsy – Gracias a él, Las Vegas hoy funciona como el paraíso de los jugadores, ycomo la ciudad del pecado por excelencia.

10) Casino - Una mirada al imperio detrás del mundo de las apuestas y el dinero que se maneja en Las Vegas.

Deshojando a Los Miserables

3 ene

Posteado 22:02

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Quizá es porque se tardaron décadas en llevarlo al cine, tal vez porque ya está totalmente out, o a lo mejor porque con la edad uno se da cuenta que el libreto detrás del musical Les Misérables es básicamente una versión tan ligera y tan contada con manzanas y peras que podría llamarse Les Mis For Dummies, pero la adaptación del famoso musical de Broadway a la pantalla grande en el 2012 parece totalmente irrelevante. O quizá simplemente sea culpa del pésimo casting del tan esperado filme. Pero de eso hablaremos más adelante.

Antes de que me crucifiquen, yo declaro que fui fan del show de Broadway en su mero apogeo. Aunque se estrenó en 1980, tuve oportunidad de verlo a principios de los noventa, cuando era el musical más visto en todo el mundo, y después, en un viaje en 1996 el morbo me llevó a verlo con Ricky Martin (quien venía de un éxito semejante: Alcanzar una estrella II, ja, ja, ja, yo sólo me festejo mis chistes), y cuando me fui a vivir a Nueva York la vi dos veces más, incluso una tercera cuando retornó a Broadway en una pequeña adaptación de dos horas y bajo el título Les Mis.

Algo tenían las canciones de Schönberg y Boublil. Una sencillez y una manera tan directa de contar las cosas que era imposible que no se convirtieran en pegajosas melodías. Por supuesto que había demasiada redundancia en las notas, en las melodías y eso hacía que uno tareara todo el musical al derecho y al revés. Pero en momentos como “On My Own”, “Do You Hear The People Sing?” y “Stars” parecía haber honestidad y salpicaduras de arte.

Las limitaciones de un escenario teatral desafiaron la puesta en escena de Cameron Mackintosh de la cual salió más que bien librado, pues la imaginación hizo que se realizara una plataforma movible, uso de luces para simular el drenaje, y los mismos movimientos de los actores para complementar ritmos para la música en vivo. Tengo las versiones del West End, Broadway y el 25 aniversario de los temas de Les Misérables, y aunque tenía años de no desempolvarlos, y a pesar de que Susan Boyle me hizo detestar “I Dreamed A Dream”, es tras ver la versión fílmica que vuelvo a admirar lo que la versión teatral se llevó.

La película Les Misérables, bajo la dirección de Tom Hooper (The King’s Speech), en lugar de una lección de historia o por lo menos una conmovedora historia de amor o redención, resulta una película sentimentalista, sin vida, sin energía, sobre un grupo de actores que desafinan peor que Érika Buenfil en su álbum debut, visualmente claustrofóbica (el director desaprovecha el medio cinematográfico y nos llena la cabeza de incomodísimos close-ups y en las tomas abiertas no es difícil ver que se trata de un set), y sin motivo o razón de ser.

La gran culpa de todo la tiene el cineasta porque a él se le ocurrió la “espléndida” idea de que los actores cantaran en vivo, sin música, mientras filmaban, y no fue en post producción cuando se agregaron los arreglos orquestales. Esta “revolucionaria” idea que según él le daría un mayor realismo al filme, no hace más que captar una incomodidad terrible de sus estrellas: Hugh Jackman recita gran parte de sus líneas, y varias veces voltea a ver a la cámara en close-up; Russell Crowe, quien apenas abre la boca y las carcajadas se dejan escuchar en el cine, parece un actor de cartón que no sabe a dónde moverse y que no puede cantar ni una estrofa con una diferente inflexión de voz, porque no sabe qué hacer. Nunca había visto a un histrión más desagusto con su personaje que Crowe como Javert.

Y ese es el gran primer error de Los Miserables. Si JackmanCrowe no logran nunca comunicar las infinitas emociones de Jean Valjean y el Inspector Javert, respectivamente, sobre la ética y el honor, es lo mismo que ver Un Tranvía Llamado Deseo sin Blanche y sin Kowalkski. Es decir, el peso cae sobre todos los secundarios que sólo tienen dos ó tres intervenciones. La bronca en Les Mis, es que ¡nadie, excepto Anne Hathaway -hasta cierto punto- puede con el peso!

La Cossette de Amanda Seyfried es como un espectro que además canta como ardilla. No tiene gracia, presencia, nada. Por lo tanto, la historia de amor con el civil vuelto guerrillero Marius (Eddie Redmayne), también insignificante, no logra trascender. Esa es la gran frustración que uno siente al ver Les Misérables en cine: no trasciende. Con millones de elementos mayores al teatro, no logra pasar, no logra comunicar nada más que estar escuchando un pésimo disco con los temas de la famosa obra teatral.

Por supuesto que no todos los que participan están para aventarle tomatazos, no. Helena Bonham Carter como la señora de Thénardier, en una caracterización muy Tim Burtonezca, está graciosa, mientras que Colm Wilkinson (el original Valjean y el original Fantasma de la Ópera en Broadway) como el obispo, así como Samantha Barks como Éponine y una memorable entrega de “On My Own”, logran una naturalidad que contrasta salvajemente con el resto del elenco.

Y como mencionaba, de las estrellas, es sólo Anne Hathaway quien demuestra más respeto por Les Misérables, y al menos se ve que actúa, y no que es una estatua de cera como sus compañeros. Su rendición de “I Dreamed A Dream” es sumamente endulzada y sentimentalista, aderezada de chantaje emocional con todo y sus manerismos, pero al menos logra quedarse en la memoria. Es el número más grande del musical, y sucede a principios del filme… y todo se va en picada desde ahí.

Ni los famosos Thénadiers, adaptados como elementos cómicos para aligerar un poco la excesiva tragedia de Les Mis logran capturar la magia de la obra original. Y es que, a diferencia de los scores de cine para musicales como Evita, Chicago y Rent, el de Les Misérables es el más miserable de todos, y pareciera que la película se hubiera realizado décadas antes que la obra. Qué tristeza. He aquí una película que jamás debió haberse hecho.

Por

 

Tenemos que hablar de Kevin

18 dic

Posteado 21:16

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La tragedia humana a nadie le es indiferente. Todo lo que afecta al ser humano, por principio, debe causarnos un tipo de reacción, desde la preocupación, hasta la tristeza, y muchas veces hasta el enojo y la impotencia.

Pero por alguna razón, hay algunos acontecimientos que a unos nos afectan emocionalmente más que otros, no porque sean más o menos importantes, sino porque tocan algunas fibras personales que muchas veces son inexplicables.

En mi caso, las masacres escolares, desde Columbine, Virginia Tech y la recién sucedida en Newtown -sólo por mencionar algunas- me han impactado de sobremanera. No concibo qué puede llevar a un adolescente a matar niños y maestros inocentes en el lugar que se supone es el más seguro… una escuela.

Este es un blog de cine y no de política ni sicología, así que no discutiremos si esto se trata de un mal control de armas, ni intentar descifrar el por qué es un problema exclusivo de la sociedad estadounidense.

Dejémosle precisamente al séptimo arte, que es el que nos incumbe aquí, que nos trate de explicar lo que hay detrás de estas masacres de incomensurable magnitud.

El año pasado se filmó una de las películas más interesantes al respecto y quizá la más cercana a explicar el terrible ”fenómeno” del adolescente asesino: We Need To Talk About Kevin. La cinta, sumamente perturbadora y que contó muy poca distribución, muestra cómo la vida de una madre (Tilda Swinton) se voltea de pies a cabeza tras descubrir que su hijo (Ezra Miller), cometió una masacre en su escuela. Ella siempre supo que habïa algo “distinto” con su hijo y sin embargo, todos se negaban a hablar del tema. Su esposo la ignoraba, los doctores se reían. La culpa persigue a la mamá, en una magistral interpretación de Swinton, al grado que realmente provoca angustia e indignación en el espectador.

El título del filme, que demanda demasiado de su audiencia, es una ironía total y que parece hoy ser el más indicado para el país: Kevin no es un personaje. Kevin son uno y cada uno de los asesinos adolescentes, de los tiroteos, de las masacres escolares que han sucedido en los últimos años. ¿Por qué nadie habla de ellos es la reflexión a la que invita el filme? ¿A qué le tenemos miedo? Es la película más incómoda que he visto en mi vida.

Elephant, de Gus Van Sant, es otro filme que recrea la masacre ocurrida en Columbine. Ganadora de la Palma de Oro en Cannes, dirigida por Gus Van Sant, la película carece de diálogos y sólo muestra con una mirada sumamente fría, y por lo tanto también perturbadora, cómo para dos pubertos el cometer la tragedia escolar más terrible en la historia, no significó más allá que jugar un videojuego. Peor aún: no hay una sola explicación del por qué lo hicieron. El filme requiere estómago fuerte, paciencia y no dejarse indignar por la elección artística del realizador de manejar toda la masacre con música de Beethoven: una de las mayores críticas que se le han hecho a esta visión.

Y mientras We Need To Talk se enfoca en la falta de comunicación y Elephant en la falta de motivos, la controversial Beautiful Boy -desde el título- se concentra en la reacción de los papás de un joven de 18 años que comete un asesinato masivo en su escuela.

María Bello y Michael Sheen intepretan a los papás del asesino, y el filme muestra cómo la pareja lidia con lo sucedido, desde la negación, la culpa, hasta la autodestrucción y la eventual separación del matrimonio. Para todos, se han convertido en monstruos, en los asquerosos autores de la vida de un matón. Y sólo se tienen el uno al otro para sobrevivir. Este filme que pasó desapercibido, quizá por resultar teatral y más digna de Scenes From A Marriage que un thriller sobre asesinatos.

 

Finalmente, en forma de documental, Michael Moore realizó Bowling For Columbine, un estudio sobre el control de armas en Estados Unidos, el rol de la violencia en la formación del país y una crítica mordaz a la Asociación Nacional de Rifles (NRA), cuyo vocero -descanse en paz- era Charlton Heston.

Este documental es el más desdramatizado de todo lo que se ha hecho en cine sobre las masacres escolares. Aunque tampoco llega a ninguna explicación real ni puntos de vista sicológicos sobre la motivación detrás de las mentes de los asesinos adolescentes.

En Bowling… algunos acusan al filme Natural Born Killers de haber sido el inspirador de la matanza de Columbine. Apenas hace un par de meses, sucedió un asesinato en una escuela con arcos y flechas, tal como sucede en We Need To Talk About Kevin. ¿Pero qué es lo que motiva en este país exclusivamente a que un adolescente decida recrear esa escena y piense que eso es una solución a lo que él cree es un problema? Esa película todavía está por realizarse.

 

Mi osito Freddy

4 dic

Posteado 20:20

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Quiero imaginar que todos los niños, como alguna vez fui, tuvieron un osito de peluche del que dormían abrazados y al que más de una ocasión le platicaron.

El mío se llamaba Freddy. No lo bauticé así, sino que ya venía con nombre, según mi memoria selectiva. Por ahí mi madre tiene una foto mía con el dichoso oso que, cabe decir, estaba bastante feíto el pobre.

Ahora que veía Ted en Blu-Ray, cuya edición sale a la venta este martes 11 de diciembre, el inicio del filme me causó muchísima gracia porque me puse a imaginar qué hubiera sido de Freddy si hablara como el protagonista animado de la cinta de Seth McFarlane y qué tipo de consejos me daría.

Me lo imaginaba fumando como chimenea, como hasta un tiempo yo lo hacía y como habrá aprendido de su abuela, hablando con tono norteño y quizá un poco fresa: “o sea, no Ernesto, tipo que tu blog esta semana está péeesimo wey”.

¿Quién no se ha imaginado que su peluche o su mascota le habla? Por eso, la premisa de Ted resulta tan maravillosa. Porque el osito en cuestión es lindo sólo de niño, pero con el tiempo se convierte en el mismo manojo de nervios, inseguridades, malas palabras y vicios que todos los adultos tenemos.

Ese es el encanto de Ted, nunca habíamos visto a un osito de peluche de apariencia tan tierna ser tan salvaje como un humano de treinta y tantos años. Bonachón de corazón, pero tremendo, mujeriego, medio vagabundo y con un humor espléndido, Ted es el típico amigo que no acepta que su mejor amigo (Mark Wahlberg) establezca una vida con una mujer (Mila Kunis), quien es su enemiga tácita desde el inicio.

Seth McFarlane, el geniecillo detrás de Family Guy y American Dad, aprovecha la ternura que provoca normalmente un oso de peluche para llevarlo a situaciones límite que en manos de un actor de carne y hueso hubieran resultado de pésimo gusto, pero que en las garritas de Ted llegan a ser no sólo aceptables e hilarantes sino hasta… ¡conmovedores!

Y todos los actores principales, además de actores invitados como Ryan Reynolds, Norah Jones, Sam Jones (¡Flash Gordon!) y Patrick Stewart, le entran al juego con tanto placer, que logran que Ted sea una película con un gran espíritu, y por eso se siente tan natural, tan divertida, ligera y nunca cae en los excesos de sus shows animados.

Ted es una de las mejores películas del 2012. Sin duda, la mejor comedia. Y tiene nuestra máxima recomendación. En la edición unrated de Universal Pictures, Ted tiene un par de bromas más que no se vieron en cine y que hay que estar con los ojos abiertos para que no se le vayan a uno.

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Lindsay Lohan vs. Liz Taylor: El veredicto

28 nov

Posteado 18:15

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Partamos con objetividad. Lindsay Lohan no es mala actriz. En la vida fuera del set será lo que quieran, pero la chica sabe actuar.

No por nada nos conquistó con Freaky Friday, Mean Girls, y Confessions Of A Teenage Drama Queen, pero lo suyo, suyo, es la comedia.

Cuando interpretó a un personaje “serio” en el thriller I Know Who Killed Me -el primer filme tras su primer arresto-, demostró no tener un dominio completo sobre personajes que requerían más que carisma, aunque claro, siempre quedó la duda de que el guión no le ayudaba en lo más mínimo. De todos modos, su incursión en esta aventura le ganó no una, sino dos frambuesas de oro a la peor actriz por interpretar a gemelas.

Eso no significa mucho en realidad. Es tanto lo que ha pasado en la vida fuera de los sets de esta pelirroja, que su talento ha sido totalmente opacado, su imagen ensuciada y su carrera de actriz olvidada. Es prácticamente un hecho que si Lindsay Lohan no fuera la niña mala de Hollywood, si nunca se hubiera convertido en un ángel caído, ni siquiera hubiera sido criticada por su trabajo en I Know Who Killed Me.

Acordarse de que Lohan es actriz es prácticamente una utopía hoy en día. Por eso, cuando se anunció que ella había sido la elegida para interpretar a la legendaria Elizabeth Taylor, particularmente durante sus años de relación con Richard Burton, las quijadas de muchos reventaron en el suelo. ¿Está la actriz terminando de cavar su propia tumba de lo poquitito que le quedaba de carrera?

Anoche finalmente la curiosidad mató al gato y me expuse al Lifetime Network para ver Liz & Dick, una película hecha para TV de sólo 89 minutos de duración y sin más ambición ni recursos de lo que dicha cadena puede ofrecer.

La película se centra exclusivamente en la relación destructiva entre Liz Taylor y Richard Burton, desde que se conocieron en el set de Cleopatra y se cayeron como patada al hígado, hasta su segundo divorcio, cuando él muere y ella confiesa que nunca lo dejó de amar.

Vayamos al grano, lo que todos queremos saber es qué tan mal está Lindsay Lohan, pues ni siquiera existe la posibilidad de que estuviera remotamente bien (aunque en el fondo esperaba que toda crítica era hacia su persona pública y no su talento): En efecto, Lohan tiene escenas sumamente risibles, sin fuerza alguna, con un acento que no tiene que ver con Liz Taylor, y es tanto el trabajo facial al que la pelirroja se ha sometido en la vida real, que su expresión es nula.

Lindsay Lohan jamás ha sido inexpresiva, pero su Liz Taylor está tan desganada, que pareciera que su trabajo se limitó a la transformación física, pero no interna. De hecho el parecido de Lindsay -quien incluso se dejó engordar hasta desarrollar papada- con la actriz de Cleopatra, es fenomenal. Uno juraría estar viendo a Taylor por momentos. Pero no es más allá que un trabajo de peluca, lentes de contacto y maquillaje.

No hay una actriz debajo de la piel de Lindsay Lohan. Por desfortuna, el trabajo del director y del guión es pésimo. El libreto está lleno de diálogos risibles, muy poco creíbles, y repleto de los típicos clichés: Liz se enoja y avienta copas, pero con un desgano, que parece que le diera miedo romper la cristalería. Lohan se la pasa haciendo pucheros y sus reacciones sueltan carcajadas maravillosas.

Digamos que su trabajo es tan profundo como el de una Lucía Méndez. Así de penosa está, pero eso es lo que le dará gracia y le dará un lugar en la historia a Liz & Dick. Es un trabajo de un robot, digno de estar al lado del que Faye Dunaway hiciera en Mommie Dearest.

No todo es culpa de Lindsay. Un buen director hubiera exigido una buena intepretación. Hubiera repetido escenas, hubiera sacado lo mejor de ella, la hubiera obligado a tener un coach de acento británico y a estudiar la vida de Liz Taylor. El hubiera no existe desafortunadamente, y Lohan ganará una nueva frambuesa de oro, esta vez muy merecida.

La película en sí es pésima, y en las manos de otros actores hubiera sido otra cosa, porque tambíén el Burton de Grant Bowler no es más que una caricatura y lo hace ver como si Richard Burton hubiera sido un pésimo actor (¡!). Hay una escena en la que Burton interpreta a Hamlet en Broadway y lo que merece es una lluvia de tomates.

Y ni qué decir de la escena de Who’s Afraid Of Virgina Woolf? que se atreven a recrear en la película. La gran magia de ese filme de Mike Nichols era la forma en la que se destrozaban Taylor y Burton, como un eco de su vida privada… y lo que logran son… ¡carcajadas! :( … De verdad que proyectan más fuerza los villanos comunes que Sergio Sendel y Cynthia Klitbo han interpretado mil veces en las telenovelas de Televisa que este par de “actores”. Ellos sí hubieran estado dignos.

Lo único rescatable de Liz & Dick es que cuenta el origen de los paparazzi, de la primera pareja adúltera del mundo del espectáculo, y la primera casi crucificada por el Vaticano, así como el nacimiento y el interés por las peores fotos de las celebridades y la pareja del espectáculo más publicitada antes de Brad Pitt y Angelina Jolie.

¿Se acabó la carrera de Lindsay Lohan? Sí. Ella sola cavó su tumba y de esta no se recupera.

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perfil do autor

Ernesto Sánchez

Ernesto Sánchez es director de entretenimiento de Terra USA. Antes dirigió PeopleEnEspanol.com. Trabajó en Reforma por más de 7 años. Cursando la universidad publicó más de cien críticas en Milenio.



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