Ahora que murió Sylvia Kristel, es a mis 38 añotes que por primera vez me expongo a Emmanuelle, aquella escandalosísima película de la cual recuerdo el tema incidental, seguramente porque mi papá tenía el soundtrack en vinil.
La película tiene el gran mérito de haber sacado el cine “soft porn” del mercado underground para llevarlo a las salas comerciales, bajo el pretexto de tener una historia de fondo y escenas meramente eróticas.
Quisiera haber visto Emmanuelle siendo puberto. Ahora a mi tercera edad y a unos pasitos de obtener descuento con mi tarjeta del INSEN (Instituto para la Senectud o algo así), el filme me pareció risible y la clasificación X no me parece tan atinada cuando hemos visto cosas con clasificación R realmente alarmantes.
Lo que me llama la atención es que la cinta pinta una imagen de la mujer sumamente negativa. Emmanuelle empieza y tiene toda la intención de ser un filme feminista. Su esposo no es celoso, y tiene relaciones con cuanta fémina se pone en su camino. Y Kristel -doblada en un inglés terrible- despierta a la sexualidad, toma rienda de su feminidad y para decirlo en un idioma que todos entendamos, le da vuelo a la hilacha.
Pero la película se pierde y de repente, toda la capacidad intelectual que Emmanuelle poseía en un principio se pierde. Su personaje se vuelve infantil e involuciona en una mujer que no puede hacer más en la vida que tener relaciones con extraños.
Sylvia Kristel como Emmanuelle
Se les salió el tiro por la culata a los cineastas, al igual que ha sucedido con el resto de las mujeres en los filmes eróticos que siguieron a Emmanuelle.
En The Last Tango In Paris, Maria Schneider es una mujer prácticamente autista. Vive en un microcosmos en el que sólo el sexo es su escape sin hablar palabra alguna. Recuerdo vívidamente en Belle du Jour la fantasía de Catherine Deneuve de ser atada a un árbol y ser embarrada de excremento humano.
Entiendo que para una actriz, interpretar personajes con semejantes fantasías, problemas y traumas, debe ser un gran reto y una gran satisfacción, pero ¿no piensan en su género?, ¿me estoy viendo muy persignado? Soy lejos de serlo, pero de repente siento que los actores deberían tener un compromiso con la sociedad. Aunque pocos lo sepan, Glenn Close lo tuvo en Fatal Attraction. La histrión peleó con uñas y dientes para que el filme se quedara con el final original: su personaje dignamente se sucidaba al entender que MIchael Douglas no era para ella y que su nivel de sicosis era extremo. Pero no, Hollywood la tuvo que convertir en Jason, y además con ¡poderes súper humanos!
Glenn Close peleó para que el final en el que se suicida, fuera el proyectado
¿Qué me dicen de Holly Hunter en The Piano? Su amor por el instrumento musical básicamente lo cambia por otro instrumento, al grado de incluso tirar su mentado piano al fondo del mar y olvidar su pasión en la vida por las bajas pasiones. Y la otra pianista, la gran Isabelle Huppert en The Piano Teacher permitiendo que le escupan, que la violen, que le corten la piel para sentirse viva. Dios.
Quiza la única excepción del cine semierótico es Basic Instinct. Claro, quitemos a un lado el que es una asesina, pero la Catherine Tramell de Sharon Stone es tan compleja y tan bien escrita, que, dentro de la ficción, por lo menos pone a la mujer hasta arriba de la cadena alimenticia y en control de todo: su sexualidad, su talento, su inteligencia y su instinto (que en este caso era matar, pero eso es un pormenor).
Por +Ernesto Sanchez
Catherine Tremell: Una mujer en control de todo en Basic Instinct
Ernesto Sánchez