El otro día, una persona muy mayor a mí -nueve años más grande, prácticamente salida de entre los muertos- se sorprendió de que mi director favorito fuera Alfred Hitchcock. “¿Es el cine que te alimentaban tus papás de niño? ¿Es lo que veías en los cines en México?” No, para nada. Aunque sí quedó marcado en mí el que mi mamá siempre nos prohibiera ver Psicosis o Psycho, pues nos contaba que desde entonces nunca pudo tomar una ducha. Vaya, nunca tranquilamente. Sí se baña. De ahí vienen todos mis desórdenes obsesivos compulsivos.
Pero volviendo al tema, el nombre Psicosis en sí -que hoy escrito correctamente sin P al principio pierde toda elegancia- me causaba un morbo terrible hasta que un día muy valiente renté en uno de esos videoclubes espantosos y en Beta -aquel formato difunto de Sony que se veía fuera de foco y se escuchaba en monoaural- la famosa cinta prohibidísima por “mother”.
Lo que mi mamá imagina cada vez que se baña
El filme, que yo esperaba fuera una película cheesy de terror, me maravilló de entrada. La fuerza de los créditos con el score de Bernard Herrmann, la actuación de Janet Leigh y el uso inusual de los close-ups me parecieron muy interesantes, pero lo que más me impactó fueron dos cosas: que la protagonista de la historia muriera a la media hora, y que la historia en realidad no fuera de miedo, sino un thriller sobre el complejo de Edipo, la esquizofrenia y el trasvestismo. Era un filme pionero.
Curiosamente la escena de la regadera no me impactó. Tampoco me causó risa. Me pareció sumamente dramática. Recuerdo que le regresé al casete para volver a verla. El cuchillo nunca atravesaba la piel de la mamá de Jamie Lee Curtis. Es más, la sangre -que en realidad fue jarabe de chocolate Hershey-, ni siquiera fluía de las heridas. El logro estaba entre la ilusión óptica con la edición, el emplazamiento de la cámara y, por supuesto, los violines de Bernard Herrmann. Un genio tan ídem como el mismo Hitch.
Así nació mi curiosidad que pronto se convertiría en admiración y más tarde idolatración (por lo cual me iré al infierno según las escrituras), ante Alfred Hitchcock. Quizá Belcebú es fan de Psycho también.
Vértigo o De Entre Los Muertos fue el título siguiente que adquirí. Había leído un libro de Guillermo del Toro -antes de ser el Guillermo del Toro que todos conoceríamos- sobre su ídolo Hitch. Eran más de mil páginas. Él insistía que Vértigo era el filme quintaesencial de la vasta cinematografía de Hitchcock. Le dedicaba páginas y páginas a hablar de cómo el realizador llegó a trascender el género con una obra sumamente personal y a nivel de cine de arte, cero comercial.
Hasta el día de hoy, Vértigo me persigue. Cuando viajo a San Francisco, las tomas del filme y el score de Herrmann fluyen en mi cabeza sin proponérmelo. Si visito un museo o paso por un cementerio, pienso que Kim Novak en un traje sastre gris se me va a aparecer. Cuando veo la cúpula de una iglesia pienso en el final más valiente que se ha realizado en Hollywood. ¿Cómo Hitchock se salió con la suya con un final tan irónico, cruel y mordaz? ¿Y en aquella época? No puedo revelarlo porque es un privilegio descubrirlo. Renten Vértigo si no la han visto. No qué va, cómprenla. Hace poco el BFI (British Film Institute) la declaró la mejor película de la historia, por encima de Citizen Kane de Orson Welles, y lo es.
Después de ver Vértigo, visitar un museo nunca será igual
Títulos como Rear Window (La Ventana Indiscreta), North By Northwest (Intriga Internacional), The Birds (Los Pájaros), Marnie, Strangers On a Train (Pacto Siniestro), Rope (La Soga), le siguieron, y cada vez me maravillaba más.
Por eso, cuando hace unos meses me enteré que este martes 30 de octubre sale a la venta un box-set con los 15 filmes esenciales de Hitchock en Blu-Ray con la imagen y el sonido como Dios manda y muy lejos de aquellos espantosos Beta y VHS, -y disculpen que use la palabra como hipérbole- prácticamente tuve un orgasmo.
Cuento los días, las horas y los minutos para tener ese preciado tesoro en mis manos y redescubrir el cine de este gran cineasta en imagen en alta definición y con sonido digital surround. Cada vez que veo Psycho, Vértigo, The Birds, descubro algo nuevo. Imaginen ahora en un formato totalmente remasterizado.
Serán los 300 dólares mejor gastados de mi vida. Amén.
Por +Ernesto Sanchez

Ernesto Sánchez